Pitito (D. Eduardo Gamir)


D. Eduardo Gamir (Pitito)
D. Eduardo Gamir (Pitito)

Sé que si Pitito, alguna vez lee este texto, me reñirá. Su modestia raya el paroxismo, pero no puedo por menos que agradecer y engrandecer el nombre de esta gran persona, gran amigo y gran maestro en el arte de la buenas maneras.

No admite su propio nombre Eduardo Gamir y mucho menos sus títulos nobiliarios (Marqués de Martell por ejemplo, heredado de su padre, según leo en su autobiografía Pitito y otras gentes del bien vivir Editorial Planeta 1984), solamente desea que le llamemos cariñosamente Pitito.

Transcribo literalmente la contraportada de su libro, que tuvo a bien regalarme y dedicarme (sic):

El autor del libro vino a este mundo para ver, vivir y disfrutar lo mejor de él. Aquí nos cuenta desde la vida en los palacios donde transcurrió su niñez, hasta las diversas casas que ha montado en su vida; los caballos, las zorras, los leones, los monos y los diversos animales que fueron juguetes de su soledad; los paises que constituyeron su paisaje, de Tanger a Bangkok pasando por París, Ginebra, Madrid, Barcelona y Nueva York; las grandes fiestas en las que ha participado, y los personajes que han formado parte de su vida.

Greta Garbo, Arístoteles Onassis, Tití de Saboya, Charlot, Rita Hayworth, Yves Saint-Laurent, Edith Piaf, Nicolas Franco, Pitita Ridruejo.....

Gracias Pitito por ser mi amigo.

Pepe madrid


Su libro autobiográfico que me dedicó



ALGUNAS...... de PITITO


DIARIO DE ARCADI ESPADA

31 de mayo

El catering lo inventó Sacha para aliviar las cenas que la Marquesa des Saints Innocents daba en Vallvidrera, en honor de Salvador Dalí y otros. La marquesa (servirá la Rose Célébration del retrato hodierno del impagable Quiñonero) andaba siempre muy ocupada. Debía atender a su leopardo doméstico y a su Rolls, tuneado con barniz de Coromandel e incrustaciones de oro, en chinoisserie. Por suerte para el catering y para el establecimiento la marquesa contaba un secretario múltiple que se ocupaba de los encargos. Don Eduardo Gamir (Pitito). Estamos ante una historia particularmente densa. Para empezar a aclararla nos serviremos de estas doctas palabras de Oriol Regás, sobre el secretario y sus ambientes.

 

 

imagen-2.png«Fue compañero de viaje en las épocas doradas de la Gauche Divine, un personaje original y estrafalario, amigo de marquesas y divos del escenario, que alegró las noches bocaccianas con sus apariciones sorprendentes. Asiduo de Bocaccio y protagonista en la mayoría de sus viajes, Pitito organizaba siempre en ellos su show particular. A Roma llegó con dos zorrinas color caoba claro (de la especie animal) que se perdieron en plena Vía Veneto y maravilló con su dinamismo en la larga noche pasada en el aeropuerto de Ciampino. En Ajaccio cantó junto a Odile Versois. En el Royalty Theatre de Londres, una vez empezado Oh Calcutta!, entró con un traje de cascabeles y paralizó el espectáculo. Al día siguiente, en Hair, llegó vestido con flecos y una capa de leopardo que le cubría de la cabeza a los pies y los artistas bajaron del escenario para obtener su autógrafo en medio de un aplauso colectivo y atronador. En la incombustible ciudad de Nueva York pasó el control de aduana disfrazado de Cristóbal Colón, ante el estupor de los policías americanos. De Bangkok regresó con una mona, Emanuelle, que todavía hoy le acompaña, y así sucesivamente, en San Francisco, Amsterdam, México, Rio de Janeiro, Bali o Puerto Rico… Incluso en un viaje a la Feria de Sevilla, su mono Espartaco o tal vez King Kong se colgó de la alarma parando el tren. Toda una hazaña para el mundo de los simios. Sigue igual, fantasioso, divertido y entrañable. La otra noche, a sus espléndidos 86 años, apareció en la fiesta de Cartier vestido con una casaca de color turquesa resplandeciente y una barretina colocada en la cabeza.

Dice llamarse Eduardo José Federico Francisco María de Constantinopla Gamir y Pavessio de Molina-Martell Vargas y Fernández de Córdoba de Carvajal, pero tras esta larga hilera de nombres se le conoce simplemente por Pitito, y se autodefine así, «soltero por religión, sin profesión por adopción, impagador de letras por devoción, trotamundos por maldición y decorador en mis ratos de ocio.» Descendiente de una familia noble e hijo de diplomático, vivió sus primeros años en Tánger, Casablanca, París y Dakar. Ya de mayor, estudió Bellas Artes en París, trabajó en la ONU como traductor, decoró la Opera durante la presidencia de René Cotty, y organizó entonces las mejores y más grandes fiestas que se celebraban en la capital parisina, la más importante en Versalles, La Fête de Siècle, un acontecimiento realmente inolvidable al que llegaron a asistir más de 3.000 invitados. Nunca se le conocieron amantes, ni nunca se enamoró, pero ha sido y sigue siendo un apasionado de la vida, de los animales y de sus amigos. Hoy, este provocador incorregible vive en un entresuelo confortable y barroco, en plena Diagonal, acompañado de dos monos —Emanuelle y Nicolás—, 11 gatos, tres perrillos, más una reciente camada de seis cachorros, y rodeado de recuerdos, armarios llenos de disfraces, trajes imposibles y fotografías dedicadas por amigos del nivel de la Callas, los duques de Windsor, Charlie Chaplin, Maurice Chevalier, Dalí, Juliette Greco o Rubinstein.

Un pasado glamouroso y feliz que mantiene vivo en su mente y en su charla. “Si no se avanza en el recuerdo, se va al fracaso”, dice, “la nostalgia no es un error».


Pitito, Emanuelle y Nicolás por las calles de Barcelona




(Pitito con uno de sus dos monos - Foto: Pedro Madueño)

Con el fin de saber quién es Pitito, reproduzco a continuación un texto publicado en la prensa española sobre el escritor y decorador:

"Barcelona mon amour

Pitito, personaje irrepetible 

Fue compañero de viaje en las épocas doradas de la Gauche Divine, un personaje original y estrafalario, amigo de marquesas y divos del escenario, que alegró las noches bocaccianas con sus apariciones sorprendentes.

Asiduo de Bocaccio y protagonista en la mayoría de sus viajes, Pitito organizaba siempre en ellos su show particular. A Roma llegó con dos zorrinas color caoba claro (de la especie animal) que se perdieron en plena Vía Veneto y maravilló con su dinamismo en la larga noche pasada en el aeropuerto de Ciampino.

En Ajaccio cantó junto a Odile Versois. En el Royalty Theatre de Londres, una vez empezado Oh Calcutta, entró con un traje de cascabeles y paralizó el espectáculo. Al día siguiente, en Hair, llegó vestido con flecos y una capa de leopardo que le cubría de la cabeza a los pies y los artistas bajaron del escenario para obtener su autógrafo en medio de un aplauso colectivo y atronador.

En la incombustible ciudad de Nueva York pasó el control de aduana disfrazado de Cristóbal Colón, ante el estupor de los policías americanos.

De Bangkok regresó con una mona, Emanuelle, que todavía hoy le acompaña, y así sucesivamente, en San Francisco, Amsterdam, México, Rio de Janeiro, Bali o Puerto Rico... Incluso en un viaje a la Feria de Sevilla, su mono Espartaco o tal vez King Kong se colgó de la alarma parando el tren.

Toda una hazaña para el mundo de los simios. Sigue igual, fantasioso, divertido y entrañable. La otra noche, a sus espléndidos 86 años, apareció en la fiesta de Cartier vestido con una casaca de color turquesa resplandeciente y una barretina colocada en la cabeza.

Dice llamarse Eduardo José Federico Francisco María de Constantinopla Gamir y Pavessio de Molina-Martell Vargas y Fernández de Córdoba de Carvajal, pero tras esta larga hilera de nombres se le conoce simplemente por Pitito, y se autodefine así, «soltero por religión, sin profesión por adopción, impagador de letras por devoción, trotamundos por maldición y decorador en mis ratos de ocio».

Descendiente de una familia noble e hijo de diplomático, vivió sus primeros años en Tánger, Casablanca, París y Dakar. Ya de mayor, estudió Bellas Artes en París, trabajó en la ONU como traductor, decoró la Opera durante la presidencia de René Cotty, y organizó entonces las mejores y más grandes fiestas que se celebraban en la capital parisina, la más importante en Versalles, La Fête de Siècle, un acontecimiento realmente inolvidable al que llegaron a asistir más de 3.000 invitados.

Nunca se le conocieron amantes, ni nunca se enamoró, pero ha sido y sigue siendo un apasionado de la vida, de los animales y de sus amigos.

Hoy, este provocador incorregible vive en un entresuelo confortable y barroco, en plena Diagonal, acompañado de dos monos - Emanuelle y Nicolás -, 11 gatos, tres perrillos, más una reciente camada de seis cachorros, y rodeado de recuerdos, armarios llenos de disfraces, trajes imposibles y fotografías dedicadas por amigos del nivel de la Callas, los duques de Windsor, Charlie Chaplin, Maurice Chevalier, Dalí, Juliette Greco o Rubinstein.

Un pasado glamouroso y feliz que mantiene vivo en su mente y en su charla. “Si no se avanza en el recuerdo, se va al fracaso”, dice, “la nostalgia no es un error".

texto de Oriol Regás, publicado originalmente en El Mundo em 24/11/2002

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